NUTRICIÓN

LAS 8 CLAVES DE UNA BUENA HIDRATACIÓN

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En esta nota te enumeramos algunas de las funciones y beneficios de la hidratación apropiada que nuestro cuerpo necesita para rendir mejor.

1- Para mantener un adecuado equilibrio hídrico, es importante realizar una alimentación equilibrada y variada, que incluya alimentos con gran contenido de agua, como vegetales, verduras y frutas.

2- El agua es el principal componente del cuerpo humano (por término medio el 60% del peso corporal de una persona es agua) y se distribuye por todo el organismo (tejidos, órganos y células).

3- El agua actúa como lubricante, mantiene la salud celular, participa en la eliminación de toxinas y otros desechos, facilita la digestión de los alimentos, distribuye los nutrientes y regula la temperatura corporal. Por ello, el agua es vital para el correcto funcionamiento de los órganos de nuestro cuerpo.

4- El cuerpo humano no tiene capacidad para almacenar agua y cada día se pierden en torno a dos litros y medio de agua. Por la respiración (400 ml), el sudor (350 ml), la orina (1.500 ml) y las heces (150 ml). Por ello, la cantidad de agua que se elimina cada 24 horas debe ser restituida para mantener el equilibrio hídrico del organismo.

5- Las principales instituciones a nivel mundial recomiendan una ingesta total de agua entre 2 y 2,5 litros al día para las mujeres adultas y entre 2,5 y 3 litros al día para hombres adultos, bajo condiciones normales de actividad y temperatura. Indicando, además, que el 80% sea por ingesta directa de agua y un 20% a través de los alimentos que ingerimos.

6- El aparato digestivo sólo es capaz de asimilar y digerir unos 800 ml de líquido por hora, por lo que buenos hábitos en la ingesta de agua nos llevan a ingerirla en intervalos regulares (unos 330 ml cada dos horas aproximadamente) despacio y a pequeños sorbos, y a una temperatura entre 10 y 15º C para favorecer su absorción y que el cuerpo la asimile más fácilmente.

7- Factores como edad, sexo, intensidad y duración de las posibles actividades físicas que realicemos, entre otros, condicionan la cantidad de agua que deberíamos beber diariamente, hasta el punto de llegar a incrementar entre dos y seis veces más las necesidades hídricas diarias de nuestro organismo.

8- El estrés y la deshidratación conllevan repercusiones en el rendimiento intelectual, lentitud del pensamiento y de los reflejos y un aumento significativo de los errores en la resolución de conflictos.

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